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lunes, 29 de noviembre de 2010

UN LIBRO QUE PODIA TITULARSE EL BAILE DE LA BERENJENA


Imaginé que Rosario llegaba al puesto de las chucherías con una falda corta y muy ajustada, camisa blanca transparente y zapatos negros con un poco de tacón. Saludaba a su marido y me buscaba entre la gente. Imaginé entre trago y trago cómo me acercaba a ella entre las casetas, con seguridad y aplomo, como los vaqueros que atraviesan la calle sabiendo que pueden morir. La miraba a los ojos, y ella se estremecía al verme, le flaqueaban las piernas y su estómago se llenaba de revoltosas mariposas. Como una niña hipnotizada, venía hacia mí y se echaba entre mis brazos… Imaginé poco más, porque me atraganté con el vino y tosí doscientas veces mientras Luis se acercaba y me estampaba su manaza en la espalda. (Pag. 145)


Jorgito y Gorrión son dos amigos de 17 y 15 años que viven en Cataratas del Mar, un pueblo que, al contrario de lo que puede parecer, no tiene ni mar ni agua alguna que le bañe. Son las fiestas del pueblo, unas fiestas cuya diversión es el baile en la plaza del pueblo en el que se ha instalado una barra de bar -para que se acoden a ella los lugareños-. ¡Ah! Y un puesto de chucherías en el que Rosario, mujer alta y escultural, de blancas e interminables piernas, ojos como luceros y pechos de impresión, despacha entre otras cosas berenjenas en vinagre, esas famosas berenjenas que todos hemos comido alguna vez en nuestra vida y que algunos apodan de Almagro. Gorrión está enamorado de Rosario y no sabe cómo expresarlo. Aún no tiene muy claro qué es el sexo y qué es el amor. Pero mientras, para captar su atención, compra y compra berenjenas…

Pocas veces una obra empieza como un torbellino, de personajes, historias y datos, y nos cala tan hondo. Muy pocas veces uno se enamora de un libro leyendo escasamente dos hojas de él… Y muy, pero muy pocas veces uno sale de leer una obra sabiendo que le releerá en breve porque el tiempo que ha pasado con ella ha volado. El lector se ha divertido, ha soñado y le han vuelto recuerdos de niño que le han llevado a esa infancia idílica a la que todos quisiéramos volver. Un elogio a la amistad y a los verdaderos valores de la vida; un homenaje a la vida rural y a la inocencia de nuestros primeros años.

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